#Soyperiodista

Cuando empecé a trabajar como periodista, en nuestra redacción ya había ordenadores, pero ni siquiera Internet. Era un periódico pequeño. No teníamos el sacrosanto Google para documentarnos al instante (tantas veces erróneamente) sobre cualquier tema o persona, sino que levantábamos el teléfono o preguntábamos a los compañeros. No nos promocionábamos en las redes sociales, sino que nuestro trabajo se iba conociendo por cómo escribíamos, por lo que contábamos, por cómo preguntábamos, por cómo trabajábamos.

Ha llovido un poco desde entonces. La profesión atraviesa una profunda crisis. Los despidos, cuando no los cierres, se suceden en casi todas las redacciones de medios escritos y audiovisuales. La semana pasada sin ir más lejos, el consejero delegado de uno de los conglomerados de comunicación más potentes del país les comunicó a sus empleados un terrible ERE y señaló como posibles perjudicados por esa salida a los periodistas mayores de 50 años con escaso perfil en redes sociales. Como nota curiosa, cabe destacar que la persona que les reprochaba la edad física y el anacronismo digital va camino de los 70 y no tiene presencia en ningún entorno 2.0. Cosas de la vida.

Culpar a los periodistas que no terminan de adaptarse a la revolución de Internet es absurdo en un momento en el que lo que cae estrepitosamente es el negocio y el propio prestigio de la profesión.

Por un lado, los periodistas, como todos los creadores, están (estamos) sometidos a un entorno en el que muy pocos creen en el pago por creación. Conocemos de sobra la problemática de la piratería en la cultura, pero, ¿qué pasa con la gratuidad de los medios en Internet? ¿Cómo dar marcha atrás cuando hemos ofrecido un ‘todo gratis’ cegados por la marea de visitantes a nuestras páginas web sin al final haber obtenido resultados económicos beneficiosos?

Si fuera posible dar marcha atrás y cobrar por contenidos, ¿quién estaría dispuesto a pagar? El desprestigio del periodismo, al que una corriente de opinión identifica con el poder, y el auge de la comunicación ciudadana, que cuenta y retuitea a través de redes sociales lo que ve de forma compulsiva y sin filtros, hacen suponer que no hay mucho público interesado, de entrada.

No me considero en condiciones de aportar soluciones, aunque sí puedo enlazar algunas vías que he venido observando en la red en los últimos tiempos:

  • La fórmula de socios o de cooperativa: Es la puesta en marcha por eldiario.es o máspublico. Periodistas que comprometen parte de sus ingresos y que buscan inversores (pequeños en su mayoría) para montar sus proyectos. En el ámbito regional andaluz, un buen ejemplo es el proyecto Sebuscanperiodistas o iniciativas como cordopolissevilladirecto. Mención aparte merecen, en lo audiovisual, los compañeros de historiasdeluz y su original proyecto netamente andaluz.
  • El pago por contenidos: Ejemplos de ello son kioscoymas o el orbyt.
  • El pago por aparecer en una noticia: Algunos medios se apuntan al lanzamiento de comunicados de empresa, sin filtro y previo pago. Es una práctica no exenta de polémica porque mezcla el periodismo con la publicidad y, sin advertir, puede ser deshonesta con el lector.

Lo positivo es que, aunque suframos una profunda crisis, algo se mueve en la profesión, con mayor o menor acierto. No nos deben dar por muertos todavía. La asociación de la prensa de Sevilla ha lanzado estos días un interesante hashtag para demostrar el orgullo de ser quienes somos: #Soyperiodista. La plataforma Change.org nos ofrece la oportunidad de manifestarnos a favor de la continuidad de medios de comunicación o en contra de despidos de compañeros.

Ojalá que, más pronto que tarde, encontremos una salida viable al futuro de nuestra profesión. Hay mucho en juego. Permítanme repetir lo que ya se ha convertido en un mantra para quienes creemos en la prensa libre: Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia.

P.S. Se agradecerán los comentarios que incluyan enlaces de blogs, webs y cualesquiera otras iniciativas de periodistas, sean andaluces o no.

El triunfo del lenguaje

T aptc q kedems sta noxe?“. A principios de la década pasada, con la generalización del uso de los teléfonos móviles y los mensajes de texto (hoy ciertamente postergados por el Whats App) comenzó a extenderse, primero entre los jóvenes y luego entre los no tan jóvenes, un lenguaje misterioso lleno de abreviaturas, falto de vocales, libre de tildes y con misteriosas exclamaciones e interrogaciones que se cerraban sin abrirse (¿desde cuándo somos ingleses?).

Nos explicaron que era un fenómeno bien sencillo: puesto que los mensajes de móvil solo permitían un número muy limitado de palabras, los adolescentes habían aguzado su ingenio y, despreciando el diccionario, aprovechaban todo el espacio disponible para decir cuanto más, mejor. Nos lo creímos y nos volvimos expertos en descifrar mensajes a veces extraños, otras directamente ininteligibles.

Pero en éstas llegó Twitter. Con 140 caracteres tienes que contar lo que quieres, poner un hashtag y a veces hasta citar a alguien. Mucho más complejo que los mensajes de texto, pero con una diferencia cualitativa importante: mientras que un sms está escrito para que solamente lo vea un destinatario, en Twitter nos puede ver cualquiera. De hecho, queremos que nos vean cuantos más, mejor. Y como los humanos son -somos- vanidosos, ha vuelto -por fortuna- el cuidado por el lenguaje.

La casuística es variada y desde luego se siguen leyendo barbaridades, pero al menos en Internet vuelve a observarse cierto esmero. Todos queremos quedar bien y que se nos comprenda (un malentendido nos puede traer bastantes quebraderos de cabeza con nuestros seguidores) y para ello es imprescindible hablar con precisión. Por mucho que a veces nos jueguen malas pasadas los teclados táctiles o los correctores ortográficos que no entienden lo que quieres poner, en Twitter ya es impensable leer esa especie de jerga a la que llegamos a acostumbrarnos con los sms.

Esto ha demostrado que la mayor era falsa. Me explico: no era cierto que necesitáramos hablar mal para escribir un texto corto. Antes de los sms y mucho antes de twitter, ¿cuántos caracteres tiene un verso? ¿cuántos un refrán? ¿y un buen titular? Siempre se puede escribir bien, lo que hay es que esforzarse.

Post Scriptum: Mi querido Raimundo de Hita les habló hace unos meses en este mismo blog de los perfiles paródicos en twitter, un subgénero en sí mismo repleto de ejemplos, muchos llenos de gracejo, otros más toscos.

Más allá de la parodia, sin embargo, twitter se ha revelado como un campo propicio para el lucimiento del sentido del humor. Y nos preguntamos: ¿es eso nuevo? ¿No es cierto que autores españoles han recurrido a la píldora, a la frase corta, para hacernos reír? Un ejemplo: Ramón Gómez  de la Serna y sus greguerías. ¿Cuántos seguidores tendría hoy el afamado autor madrileño, fallecido cincuenta años antes del nacimiento de la red de microblogging? Estoy segura de que sería todo un gurú. Y repasen sus greguerías. Pocas superan los 140 caracteres.

Por cierto, felices vacaciones…

Privacidad, intimidad y redes sociales

Acabo de casarme. Si hace cinco años me hubieran dicho que iba a escribir esta frase en un blog de acceso público, me hubiera reído a carcajadas. Hoy, sin embargo, me es absolutamente indiferente compartir una noticia que, además del evidente cambio en mi estado civil, ya ha pasado por cientos de ojos en Twitter y Facebook.

Ha sido esta circunstancia personal la que me ha llevado a reflexionar sobre cuánto han cambiado los límites de privacidad e intimidad por la irrupción de las redes sociales. El uso cotidiano de las redes nos hace cada vez ser más tolerantes con la cantidad de información que estamos dispuestos a que conozcan los demás.

Siguiendo con el ejemplo personal: cuando me uní a Facebook, apenas compartía fotos, no quería tener más amigos que los que realmente me acompañan en el día a día y me parecían marcianos aquellos que osaban a comentar alguna cuita de corte más o menos personal con sus 250 ¿mejores amigos?. Hoy soy yo quien lo hace -sí, me han visto vestida de novia- y ya tengo entre mis contactos de Facebook a gente muy querida pero también a otros con las que tengo un trato apenas tangencial. He sucumbido.

Las redes sociales han exacerbado el punto exhibicionista y también, cómo no, el voyeur que (casi) todos llevamos dentro. Por más que nos cueste reconocerlo, incluso a nosotros mismos.

La cuestión es que seamos nosotros quienes pongamos el límite entre la información de carácter privado que sí queremos compartir con el público y lo íntimo, lo que no queremos que vean los demás voyeurs. Para evitar sorpresas desagradables.

Revisar con periodicidad los filtros que mantenemos en redes como Facebook -que ya parece un depositario inocente de información pero que es, no lo olvidemos, una empresa cuyo mayor valor son nuestros datos e información personales- es una buena idea, como también lo es no revelar en las redes ninguna información o pensamiento que pueda ponernos en una situación comprometida, por ejemplo, en el trabajo. Esto es, control tecnológico y autocontrol.

Mención aparte merecen los menores. Queda por discernir cómo será la huella digital que irán conformando las generaciones que hoy enseñan alocadamente su intimidad en sus perfiles de las redes. Sería recomendable que padres y educadores conocieran qué es lo que hacen los niños y adolescentes en Internet y que les enseñaran el sentido común también en el mundo virtual.

Los quince segundos de periodismo

Escribo estas líneas el 22 de marzo de 2012, cuando un suceso espeluznante ha conmocionado a Francia y a medio mundo, el terrible asesinato de unos niños en una escuela del sur del país a manos del que ha sido ya tildado como “el asesino de Toulouse”.

Tenemos aquí un buen ejemplo de viralidad en las redes sociales. La retransmisión en directo, minuto a minuto, por Twitter de la localización, el cerco y el posterior asalto de la vivienda del asesino ha sido un ejemplo de cómo dentro de (casi) todo tuitero vive un  periodista frustrado. Olvidando, sin embargo, en muchos casos, una regla de oro del periodismo: la necesidad de contrastar.

Así las cosas, Merah, que así se llamaba el sujeto, se ha pasado la mañana siendo capturado o muriéndose sin haberse muerto hasta que se ha muerto de verdad. Una vez que se ha muerto de verdad, mi time line me ha devuelto cientos de tuits informándome. No es que siga yo a muchos periodistas franceses (ni siquiera hablo francés), es que una gran parte de las personas a las que sigo han caído en la tentación de reportar la noticia, como si estuvieran dando una primicia periodística.

Yo misma me he visto en esa situación muchas veces. Es difícil sustraerse de esa sensación de que tienes algo valioso que compartir en las redes: un artículo o un dato original, una noticia que crees que otros no tienen (aunque tus seguidores probablemente ya la conozcan)… Especialmente con los avances tecnológicos que permiten a cualquier ciudadano seguir las ruedas de prensa en directo desde su equipo informático, por streaming.

¿No me creen? Sigan, por ejemplo, el hashtag #CMin  cualquier viernes a mediodía, a la hora en la que Soraya Sáenz de Santamaría informa de los asuntos del Consejo de Ministros. Verán cómo, junto a los periodistas que están sentados en la rueda de prensa tuiteando a la vez que siguen la intervención de la vicepresidenta, hay muchos esforzados ciudadanos que van consignando lo que dice sin que nadie se lo haya encargado ni lo espere ni mucho menos les pague por ello. Por vocación.

No seré yo quien discuta esa afición. Me limito a comentarlo y a reseñar que, quizá, de los quince minutos de fama que esperaba Warhol que deparase la televisión hemos pasado a los quince segundos de periodismo. El tiempo que se tarda en lanzar un tuit.

#PrimaveraValenciana

No es primavera aún, pero el sol ya hace intuir el final del crudo invierno. No es primavera aún, pero lo fue hace casi un año en un país no tan lejano que se convirtió en referente de una nueva forma de movilización ciudadana. Y de una novísima forma de divulgarla. Bendita viralidad de las redes sociales.

Se ha acuñado el hashtag de #PrimaveraValenciana para referirse a las protestas por la actuación policial en las movilizaciones estudiantiles convocadas en Valencia contra los recortes en materia de educación. El caso va camino de cobrarse alguna dimisión o cese y ha dejado declaraciones inolvidables. Y se ha convertido en trending topic en Twitter y, paralelamente, en asunto de interés para los medios de comunicación nacionales e incluso foráneos.

Todo este fenómeno me ha hecho recordar una anécdota personal. Hace casi veinte años, participé en una protesta estudiantil no muy diferente a la de estos chavales. Éramos un buen número de chicos y chicas y a alguien se le ocurrió tirar naranjas contra los furgones de policía que nos vigilaban.

Nos persiguieron, nos lanzaron pelotas de goma, dispersaron la manifestación sin ningún tipo de miramiento. Volvimos al instituto asustados, le contamos a nuestros profesores lo que había pasado, se lo dijimos a nuestros padres… La noticia no salió ni en los periódicos locales. De los adultos no pudimos obtener más que cierta empatía en el mejor de los casos o cierto escepticismo respecto a nuestro relato, en el peor.

Hoy, sin embargo, un móvil con cámara e Internet es un poderoso instrumento de denuncia. Las redes sociales, con razón o sin ella, se solidarizan con el eslabón débil. Los movimientos se contagian. Una protesta nacional se transmite a varios países del entorno, conformando lo que se ha venido llamando la Primavera Árabe. Su influjo llega a Europa en forma de 15-M, en pocas semanas cruza el océano hasta Wall Street, el corazón mismo del sistema. Los símbolos nacen en cuestión de días y estos estudiantes del Lluís Vives de Valencia se han convertido ya en paradigma de lucha contra los recortes.

No ha pasado ni un año de la Primavera Árabe. Y, antes de que llegue marzo, tenemos ya nuestra Primavera Valenciana. La función de vigilancia sobre el poder que antes ejercían los medios de comunicación como cuarto poder hoy la cumple también un ciudadano armado con un smartphone. La primavera, en suma, está en las redes sociales.

http://www.escolar.net/MT/archives/2012/02/esto-no-es-abuso-policial.html

A propósito de Évole

Andamos los periodistas enfrascados en el debate de cómo enfrentarnos o aliarnos con las redes sociales. Convertimos en noticias las frases de 140 caracteres que nos sirven los personajes de la política, la empresa, el deporte, la música o el cine en forma de tuits. Analizamos lo que sucede en las redes. Enlazamos en las redes las noticias que publicamos, bien sea a través de nuestros perfiles individuales o bien del de nuestros medios. No acertamos todavía, sin embargo, a generar debates propios en Twitter. Pero ya hay excepciones que comienzan a marcar tendencia.

Jordi Évole es el presentador de ‘Salvados’ en La Sexta. Un espacio a medio camino entre el humor y el periodismo -aunque cada vez más escorado hacia este último género-  que propone hashtags sobre los asuntos, siempre polémicos, que aborda en sus programas. Un ejemplo muy sonado fue #borrandoaeta, escogido para el reportaje que dedicó al tema vasco. El que voy a analizar es #cosechandosubvenciones, correspondiente a la edición del 11 de diciembre de 2011.

Sin entrar a valorar el programa en términos periodísticos, Évole toma un asunto, las subvenciones al campo andaluz, que está de actualidad, que genera opiniones encontradas y que previamente había sido ampliamente discutido tanto en los medios de comunicación tradicionales como en los sociales. El programa se estructura en una serie de entrevistas desarrolladas en Andalucía y Cataluña, las dos comunidades enfrentadas en la polémica. Los protagonistas, junto a Évole, son un aristócrata bastante trasnochado, un joven con pocas esperanzas y un histórico líder jornalero.

El equipo de ‘Salvados’ debe de saber que en twitter hablamos de lo que vemos. De deportes, mucho. De televisión, muchísimo. Y propone su hashtag, #cosechandosubvenciones. El resultado: el asunto más comentado en España y sexto trending topic mundial.

Pero hay más. Jordi Évole consigue otros efectos en medios sociales: periodistas como Luis Barbero o Paco Torres han dedicado al polémico espacio posts en sus respectivos blogs. Una fuerza política, el PA, ha lanzado una campaña en redes contra el aristócrata al hilo de las declaraciones que efectúa en el programa en cuestión.

Los medios de comunicación tradicionales, hasta los de grupos mediáticos diferentes al de Évole, se hacen eco con mayor o menor amplitud de la polémica generada por el programa. Y los políticos efectúan declaraciones al respecto.

Jordi Évole ha tenido, qué duda cabe, ese momento de gracia que todo periodista vive cuando obtiene un magnífico titular. Pero la utilización que hace de él y cómo se sirve de las redes sociales desde un medio ya tan consolidado como la televisión debe servir de ejemplo. Porque quizá sea una de las vías que debemos explorar en el futuro, hacer que los medios sean permeables, no simplemente reproducir nuestras noticias en twitter sino buscar debates propios sobre nuestras exclusivas.

¿Una curiosidad? El trending topic de España y sexto mundial del domingo obtuvo una discreta audiencia del 7,6%. Un nivel muy bueno para su cadena pero alejado del programa más visto de la noche. Un dato que se traduce en 1,5 millones de espectadores -según la web formulatv.com- y que quizá deberíamos tener en cuenta también a la hora de saber que no, que twitter no son cuatro gatos ni mil papagayos, pero que en las redes tampoco está todo el mundo. Ni mucho menos.

El #20N en Twitter

Escribimos este post en vísperas de las elecciones generales del #20N. Aquí van algunas reflexiones sobre la campaña en Twitter, centradas -por necesidades de espacio- en los dos grandes partidos.

No ha habido una etiqueta clara que permita la legibilidad completa de toda la campaña electoral en Twitter.

Los partidos han querido movilizar a sus electores con etiquetas propias como #empiezaelcambio, #sumatealcambio (PP) o #peleaporloquequieres, #lafuerzadelpsoe (PSOE)

Si bien la más utilizada ha sido #20N, los medios de comunicación siguen teniendo la tentación de poner hashtags propios, como se pudo ver de forma muy clara en el asunto del debate electoral del pasado 7 de noviembre, cuando localizamos los siguientes: #debatedecisivo#debateOndacero#debateenh25#ReiniciaElDebate

 

 

En el post-debate, hubo otras dos etiquetas: #rajoygana, “movida” desde el lobby popular en esta red social, y Jorge Moragas, por el visible acaloramiento que mostró el jefe de gabinete del presidente del PP en una entrevista televisiva.

Los grandes partidos, además, buscan que los hashtag de sus grandes mítines sean trending topic, con una etiqueta diferenciada de la campaña.

¿Uno triunfa por ser trending topic? Para un asesor del líder de uno de los principales partidos, el motivo por el que Rajoy había ganado el debate electoral era que se había convertido en trending topic. Craso error de este asesor, a la sazón el propio Moragas, que fue objeto del cachondeo general de la red .

Y es que #estoestwitter y cualquier actividad puede volvérsete en contra: miren si no el caso de #avatarmariano, #preguntaleamariano o del #freenaniano. En los tres casos, el equipo 2.0 del candidato del PP ha sufrido en sus carnes la guasa generalizada de la red social.

Los candidatos tienen, cómo no, perfiles en Twitter, tanto @marianorajoy como @conRubalcaba han optado por gestionarlos a través de sus equipos, y firmar con iniciales (MR y RbcB) cuando escriben ellos mismos sus tweets.

Como iniciativas propias, @conRubalcaba ha realizado una entrevista por Twitter.

La cuenta de @marianorajoy ha elaborado vídeos especialmente para lanzarlos desde Twitter, como éste en el que -ojo al dato- ha eliminado cualquier referencia al Partido Popular:

Estos apuntes -breves y apresurados- resumen el gran esfuerzo que realizan los partidos en la campaña electoral. Junto a estas iniciativas, en el día a día los equipos 2.0 de los partidos políticos tienen que lidiar con todo tipo de preocupaciones de los ciudadanos, ataques de trolls, polémicas con sus adversarios, crisis de reputación imprevisibles…

¿Realmente merece la pena? ¿Están los partidos llegando a alguien a través de Twitter o están sobreviviendo como pueden ante un público muy crítico y que, cuando es de un partido, no necesita todo este esfuerzo? ¿Podemos resumir una ideología en 140 caracteres?

Periodismo y redes (II): ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos?

Continuamos con este post una serie que espero pueda servir de alguna ayuda a los profesionales de la información novatos en redes sociales. Especialmente, porque observo con preocupación que periodistas brillantes son, todavía hoy, usuarios residuales de las redes sociales o que las utilizan, por así decirlo, con ciertas vacilaciones.

Aquí van cinco nuevas consideraciones al respecto:

1.- La firma.- Un buen periodista, especialmente de prensa escrita, se precia muchísimo de la calidad de las noticias, reportajes, entrevistas, análisis, que firma… Con la irrupción de las redes sociales, esa firma trasciende nuestro medio y de alguna forma se convierte en una identidad pública que, como una marca, hay que intentar cuidar. Las elecciones de cómo cuidar esa marca son, obviamente, personales e intransferibles, pero se trata de no cometer meteduras de pata de las que podamos arrepentirnos porque lo que se dice en Internet permanece en Internet. Junto a nuestro propio sentido común, es muy interesante, el concepto, de nuevo cuño, de netiqueta, de la que ya se ha escrito mucho. Recomiendo estos post de Fundeu y de la UNED.

2.- ¿Dónde estamos? ¿Dónde queremos estar?.-  Casi todos los periodistas somos trabajadores, bien sea de un medio de comunicación o bien de una institución pública o privada. No perdamos de vista que nuestras conversaciones son públicas, especialmente en Twitter, WordPress o Blogger pero con mucho riesgo de filtraciones también en Facebook y otras redes. No digamos nada que no quisiéramos que nuestros jefes, actuales o futuros, puedan leer. Eso no significa aplicar la autocensura, sino ser conscientes de lo que se escribe. Si queremos ser militantes, si queremos comprometernos, adelante, pero que no nos encasillen por comentarios irreflexivos. ¿Es necesario airear problemas laborales o dar a conocer posiciones ideológicas enfrentadas a las de nuestra empresa? ¿Realmente queremos meternos con un mandamás de algún medio de comunicación al que, andando el tiempo, podemos acabar pidiendo trabajo? Presionar la tecla intro puede tener sus consecuencias actuales y futuras.

3.-Tiempos y temas de conversación.- Al hilo de lo anterior. ¿Qué tipo de perfil queremos tener? En Facebook, con un entorno más restringido, podemos hablar prácticamente de todo y compartir más intimidad, pero Twitter, sin necesidad de que nos quedemos al margen de ningún asunto, exige más mesura. Midamos bien los tiempos y los temas: ¿Queremos que nos vean hablar de un tema de cotilleo en horario laboral? ¿Queremos que la red sepa quién es o qué hace nuestra pareja, amigos? En twitter, hay periodistas muy activos que hacen un uso casi exclusivamente profesional, como @iescolar, mientras que otros sí entremezclan comentarios de carácter más personal, como @viejomoeb, y los hay que hacen un uso que podríamos definir como muy publicitario de su cuenta de twitter como @pedroj_ramirez. Tomemos nuestras propias opciones, construyendo una identidad -y, con ello, contribuyendo a tener una buena reputación- de forma consciente y consecuente.

4.- Antes que el afán de protagonismo, están las normas de nuestra empresa.- Nuestro perfil de cualquier red social es propio e intransferible, incluso cuando lo gestione nuestra empresa. Pero el modo y manera en que publicamos la información que hemos obtenido en el ejercicio de nuestro trabajo en las redes sociales debemos negociarlos con nuestra empresa. Casi todos los grandes medios informativos cuentan ya con presencia en los medios sociales o, en su defecto, al menos con páginas webs. Debemos hablar con los responsables de estas áreas para saber, en el caso de no estar regulado, si podemos o no contar una información antes de que lo haya publicado nuestro periódico, agencia, radio…

Lo que digo no es baladí, porque observo cómo muchos periodistas tuitean las ruedas de prensa -incluyendo a veces valoraciones personales- o adelantan jugosos titulares en sus cuentas personales de twitter sin que todavía sus periódicos los recojan. La “marca personal” del periodista sale ganando, pero, ¿realmente le conviene a la empresa informativa que haya podido poner a otros sobre la pista de una noticia o que haga consideraciones que luego no coincidan con la línea editorial?

5.- No descuidar el trato 1.0 con las fuentes en el 2.0.- Son numerosos los políticos -por citar el ámbito profesional en el que me muevo en la actualidad- que tienen hoy en día presencia en redes sociales, bien sea gestionadas por ellos mismos, por sus equipos o de forma mixta. Quien dice políticos dice empresarios, deportistas, artistas y un sinfín de fuentes informativas que nos podamos imaginar. Resulta muy tentador realizar preguntas aprovechando esta línea directa de comunicación que representan los medios sociales. A veces, incluso, ir más allá y realizar críticas, apreciaciones, etc.

Pues bien, volviendo al leit motiv de este post, no digo que no se haga, sino que se haga con cabeza. Raramente obtendremos una entrevista por twitter, sino a través de un gabinete de prensa, y probablemente encontremos un cierto “cabreo” de ese gabinete si previamente hemos intentado “puentear” a sus profesionales contactando directamente con la fuente. A nadie le gusta que le puenteen, igual que a un redactor de un medio no le gusta que llamen a su director cuando una información no convence.

 

 

 

 

Periodismo y redes: Del 1.0 al 2.0 (I)

Inicio con este post una pequeña serie pensando en los periodistas que, como yo, no son nativos digitales y se han criado en las redacciones 1.0, para animarles a adentrarse en las redes sociales (particularmente Twitter y Linkedin, que son las que considero más interesantes para nuestra profesión, aunque también FacebookWordPress y Blogger).

Vamos a partir de ciertas premisas básicas:

  • Internet y las redes sociales no son una moda o algo pasajero. Son una realidad con la que tendremos que convivir.
  • Las redes sociales no son el enemigo del periodismo. Tenemos que aprender a usarlas como instrumento y hacer, poco a poco, que las redes sean “amigas”: que los usuarios aprecien nuestra información como periodistas y que nosotros sepamos buscar en ella información relevante.
  • En una profesión tan en crisis como la nuestra, las redes son una buena oportunidad de promoción profesional.

A partir de aquí, voy a dar unos consejos-exprés para novatos en twitter, con enlaces que a mí me resultan útiles y con reglas de comportamiento que yo intento seguir:

  1. Anímense: Háganse un perfil en Twitter. Busquen un nombre fácil -si quieren promocionarse, mejor que coincida con su nombre de guerra, con su firma, en la profesión-, extracten su currículum vitae en la biografía -no olviden consignar que son periodistas y su provincia- y, sobre todo, pongan una foto en vez del huevo que da Twitter por defecto a los primerizos. No es recomendable poner fechas en nuestro nombre tuitero y tampoco creo que sea una buena idea citar a nuestro medio en nuestro alias. En esta vida, nunca se sabe dónde podemos terminar trabajando y nuestro apelativo debe ser para siempre…
  2. No blinden sus tweets. ¿Para qué queremos hablar si no deseamos que nos escuchen?
  3. Al mismo tiempo, no digan nada en las redes que no les gustaría que supieran sus jefes actuales y futuros, sus fuentes informativas, sus enemigos… Usen las redes como altavoz de opiniones. Dejen la intimidad para Facebook, que permite más opciones de privacidad.
  4. No descuiden el estilo: Eviten las erratas, puntúen bien, enlacen, nombren a sus interlocutores… Somos periodistas, marquemos la diferencia…
  5. No se hagan eco de rumores. Hay que contrastar. Eso lo sabemos hacer los periodistas. Twitter puede resultar una vorágine y a veces incluso se ha matado a gente que estaba perfectamente viva…
  6. Busquen a otros periodistas de su campo a los que seguir, miren a quiénes sigan ellos, estén atentos a listas que les pueden interesar… Si escriben de política, sigan a políticos; si escriban de deportes, sigan a deportistas…
  7. Hablen de trabajo, no contra su trabajo. Los periodistas tenemos derecho a utilizar las redes para opinar pero parece lógico que no desacreditemos en ellas a nuestro medio. Eso, mejor off line.
  8. Usen la aplicación de Twitter, pero también Hootsuite o Tweetdeck, que nos permiten tener a la vista búsquedas permanentes de las cuestiones que más nos interesan.
  9. Monitoricen no sólo a quién habla, sino quiénes hablan de los temas que nos interesen.
  10. Discutan, charlen con educación… Interactúen con los demás… Amplíen sus contactos… La conversación les espera…

Cultura, Internet y redes sociales

Las redes sociales existían mucho antes de la irrupción de Internet. E Internet ha cambiado sustancialmente la cultura de relaciones y de comunicación. Estos dos aspectos, cuyo conocimiento es una premisa básica para un buen gestor de redes sociales, dieron mucho de sí en las clases que los sociólogos Luis Rull y Esteve Ollé, del IPTS, nos impartieron en la EAGPA.

Aquí van algunas conclusiones de nuestras clases con Luis Rull:

  • Con Rull, abordamos la teoría de los vínculos débiles de Granovetter, un estudio de 1973 muy interesante a la hora de explicar la importancia que tienen las relaciones que podríamos llamar superficiales a la hora de condicionar los cambios sociales.
  • También nos introdujo en la forma de visualizar y analizar el entramado de relaciones que conforman una red social -no necesariamente tecnológica- a través de Ucinet 
  • Igualmente, nos mostró un ejemplo actual de monitorización de una red social -en este caso twitter– llevado a cabo por Chameleon Tools en el #EBE10

Las claves de esta sesión con Rull, y una bibliografía más amplia, están disponibles en su blog.

Esteve Ollé, por su parte, abordó un análisis cultural de las redes sociales en Internet, del que podemos destacar algunos aspectos clave.

  1. Repasamos las teorías sociológicas sobre la sociedad del conocimiento de Daniel Bell (El advenimiento de la sociedad post-industrial), Jurgen Habermas (La esfera pública e información) y Manuel Castells (La sociedad red), Jeffrey Alexander (La pragmática cultural).
  2. Estas teorías sirven para explicar los códigos de la cultura de Internet, que apuesta por lo abierto frente a lo cerrado.
  3. Las características del código abierto de la cultura de Internet serían la creatividad frente a la monotonía del código cerrado, la libertad frente a la censura, el cambio frente a la estabilidad, la valentía frente a las amenazas, la juventud frente al conservadurismo…
  4. Analizamos esos códigos en las revoluciones de Egipto y Túnez, en el caso de Google, en un discurso de Obama, en el conflicto de la SGAE con los internautas, ejemplificado con un artículo de David Bravo, la polémica de la Ley Sinde, el enfrentamiento de Julian Assange con la administración Obama a propósito de Wikileaks y el divertido resbalón de David Bisbal en Twitter.
  5.  La clase con Esteve Ollé fue muy anterior al 15-M. De otra manera, habría sido muy interesante analizar Democracia Real Ya con estos códigos: en este caso, parece muy claro que el movimiento ciudadano se identifica claramente con el código abierto de Internet, mientras que los partidos políticos tradicionales tendrían un código cerrado.
  6. Con posterioridad, sí pudimos abordar el 15-M con Selva Orejón y redactamos un post conjunto para el blog de Territorio Creativo.

En definitiva, estas clases nos dieron un compendio de información de gran utilidad para conocer cómo funcionan los entramados de redes sociales dentro y fuera de Internet y cuál es la nueva cultura que Internet está generando.