EBE12 por los pasillos

Foto de Familia EBE12 realizada por Miguel Librero @Brero

En el pasado EBE12, volví a verificar lo que en su día nos enseñó Luis Rull sobre la Teoría de Granovetter y la importancia de los nexos débiles. Os puede a sonar a chino, pero básicamente es los amigos de mis amigos “podrían” ser mis amigos (¿os suena a alguna red social?), o lo que es más importante en este tipo de eventos mis contactos profesionales “podrían” ayudarme a encontrar “nuevos (y quien sabe si más productivos)” contactos profesionales.

En este EBE, al ayudar a la –fantásticaorganización, me he perdido muchas charlas, las cuales espero ansiosa verlas subidas en su canal de Vimeo, pero en cambio he podido vivir como muchos de los asistentes intercambiaban saludos, se desvirtualizaban y comentaban proyectos presentes y futuros para ver como podían colaborar -> lo que hoy en día, los más cool llaman “networking”.

De hecho este año, había un espacio especialmente dedicado al networking coordinado por la empresa sevillana workINcompany que de una manera muy amena ha ayudado a muchos profesionales a conocerse.

Al estar dando vueltas de un lado a otro, he tenido la suerte de hacer muchos contactos, de reforzar aquellos que ya tenía y para mi sorpresa de generar muchos encuentros entre terceros. No sé lo que saldrá de ellos, pero con la magia que se respiraba en el evento de buen rollo, seguramente de que algo bueno.

Aunque, sin duda, lo más importante para mi fue poder estar con casi toda la pandilla que formamos SocialUPO, que gracias a DoItSocial e Intelify se inmortalizó en este momento (con algunos infiltrados, pero que casi ya les podemos dar el título honorífico de socialuperos) 😉

De izquierda a derecha: Raimundo de Hita Cantalejo, Carlos Pérez Fernández (infiltrado), Rafael Rodríguez-Varo Roales, María Aristoy, Francisco Javier Vazquez Vela, Andrés Bustillos Cañadas, Francisco José Pérez Fernández (infiltrado) y Jesús Fernández Acevedo (otro infiltrado).

Un poquito de micromecenazgo, crowdfunding o como se diga

Hace algún tiempo en #cultura18 se planteo el tema del “micromecenazgo”… palabra que me pareció cargada de “romanticismo” y que nos permite romper con un anglicismo difícil de escribir…

Cuando hay que definir algo, miro Wikipedia (ejemplo también de trabajo colectivo) y aquí se nos define este concepto como “…la cooperación colectiva, llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos, se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones…”

Pero esto de la “cooperación colectiva” o el “micromecenazgo” es muy antiguo… y el ejemplo que más he repetido desde mi niñez ha sido la compra de balones para poder disfrutar de los partidos de fútbol entre amigos…

En la actualidad, los proyectos se han hecho más complejos y  podemos encontrar multitud de plataformas en Internet donde poder solicitar ayuda para que nuestro proyecto se lleve a cabo. A nivel nacional encontramos LánzanosGoteo y Verkami, mientras que a nivel internacional podemos destacar Kickstarter o Indiegogo

Si tenemos una idea que llevar a cabo mediante este sistema, lo primero que tenemos que hacer es un buen presupuesto… Siéntate con calma y analizar los costos de dicha operación… ya que si comprometes un precio para la realización de unas acciones, y es aprobado, este proyecto deberá llevarse a cabo…con el riesgo que un mal cálculo pueda ocasionar a tus bolsillos.

Todas estas plataformas tienen una forma similar de actuar. Cuando obtienes los resultados, tienes que darle a las plataformas un porcentaje de lo obtenido que ronda entre el 5% y el 10%. Si no consigues lo solicitado, no pagas nada por el intento, salvo en el caso de Indiegogo… Por lo que a tu presupuesto… añádele este porcentaje

También debes tener en cuenta las gratificaciones a nuestros micromecenas, ya que son la primera forma de agradecer a nuestros inversor la confianza prestada y esto va también al cargo de los presupuestos que hemos comentado antes… Por lo que no podemos olvidar merchandising o cualquier otro sistema de gratificaciones.

Último dato a tener en cuenta en el presupuesto, los sistemas de cobro como paypal también perciben un porcentaje de las transferencias entre el 1% y el 2%, a lo que en algunos casos hay que añadir una cuota fija por transferencia.

Los tiempos destinados a estas campañas suelen variar, pero los límites están entre los 30 y los 80 días para la obtención de los resultados deseados… Por eso, es muy importante tener en cuenta una estrategia en Redes Sociales (si no está añádela en tu presupuesto) como un medio por el que darte a conocer y que te podrá abrir el camino a esa comunidad de personas que puedan estar interesados y dispuestos a financiar tu proyecto… así que antes de iniciarte en el proceso de solicitud de fondos, mi consejo es que comiences a buscar gente afín… crees comunidad, espíritu y posteriormente te lances a la búsqueda de la financiación… Con esto, sin duda que mejorarás tus resultados.

Cuando se habla de éxito en estas plataformas, quizás los más sonados son el de productora de Mundoficción con su película “El mundo es nuestro” y el de El Cosmonauta, del que Cristina Castro ya hablara en este blog el año pasado

Bueno… Esto es solo un pequeño análisis que esperamos te haya sido de utilidad. Así que si te planteas dar el salto al crowdfunding… Ojalá consigas que entre todos… llenen la hucha para llevar a cabo tus ideas!!!

“Si me siiigues te sigoooo”

Hace un par de semanas leí una información en la que se hablaba de la posibilidad de modificar los parámetros de medición de twitter para dar menos importancia al número de seguidores.

Me vino como el aceite a la espinaca, ya que desde fechas antes tenía pensado dedicar este post a una costumbre que considero perniciosa y que, sin embargo, es muy habitual en este soporte de redes sociales. Me refiero al “si me sigues yo te sigo” o “te sigo para que me sigas”.

Seguro que a todos nos ha pasado que alguien ha dejado de seguirnos a los pocos días de hacer follow. ¡Claro hombre! Si no hemos respondido haciendo follow también es lógico que hayan pasado de nosotros. ¡Que desaprensivos hemos sigo!

También apuesto a que pocos serán los que no han visto bios en las que sale alguna de las dos frases mágicas entrecomilladas más arriba.

No acabo de entender, la verdad, cómo el personal pretende hacer de su cuenta de twitter una colección de seguidores y cuanto antes mejor.

La mía no es excesivamente prolija ni en cuanto a seguidores ni en cuanto a seguidos y creo que eso no es ni bueno ni malo. Sí aseguro que todas aquellas personas a las que sigo me aportan información de los asuntos que me interesan, me han servido para organizar unas buenas listas y promueven la conversación.

En #CarmonaUPO nos insistieron en que twitter, y el 2.0 en general, es efectivo si de verdad sabes qué pretendes y te creas un entorno que te ayuda a conseguirlo. Tu comunidad.

Por poner algunos ejemplos, soy seguidor de @rsalaverria y de @juanmerodio. Ninguno de los dos me sigue.

¿Y qué?

Gracias al primero me entero de cosas interesantes relativas a mi profesión y a la adaptación al mundo digital. El segundo constantemente ofrece contenido igualmente valioso.

También sigo a @rauldorado y tengo el honor de que él haga lo propio. Si dentro de un rato dejara de hacerlo… ¿Cómo me voy a plantear responderle igual si encabeza mi lista de tuits guardados en favoritos? Sería malo para mí.

Eso sí, me daría que pensar, ya que los unfollows que en mi opinión tienen valor son aquellos que me alertan de que puedo estar haciendo alguna cosa mal.

Privacidad, intimidad y redes sociales

Acabo de casarme. Si hace cinco años me hubieran dicho que iba a escribir esta frase en un blog de acceso público, me hubiera reído a carcajadas. Hoy, sin embargo, me es absolutamente indiferente compartir una noticia que, además del evidente cambio en mi estado civil, ya ha pasado por cientos de ojos en Twitter y Facebook.

Ha sido esta circunstancia personal la que me ha llevado a reflexionar sobre cuánto han cambiado los límites de privacidad e intimidad por la irrupción de las redes sociales. El uso cotidiano de las redes nos hace cada vez ser más tolerantes con la cantidad de información que estamos dispuestos a que conozcan los demás.

Siguiendo con el ejemplo personal: cuando me uní a Facebook, apenas compartía fotos, no quería tener más amigos que los que realmente me acompañan en el día a día y me parecían marcianos aquellos que osaban a comentar alguna cuita de corte más o menos personal con sus 250 ¿mejores amigos?. Hoy soy yo quien lo hace -sí, me han visto vestida de novia- y ya tengo entre mis contactos de Facebook a gente muy querida pero también a otros con las que tengo un trato apenas tangencial. He sucumbido.

Las redes sociales han exacerbado el punto exhibicionista y también, cómo no, el voyeur que (casi) todos llevamos dentro. Por más que nos cueste reconocerlo, incluso a nosotros mismos.

La cuestión es que seamos nosotros quienes pongamos el límite entre la información de carácter privado que sí queremos compartir con el público y lo íntimo, lo que no queremos que vean los demás voyeurs. Para evitar sorpresas desagradables.

Revisar con periodicidad los filtros que mantenemos en redes como Facebook -que ya parece un depositario inocente de información pero que es, no lo olvidemos, una empresa cuyo mayor valor son nuestros datos e información personales- es una buena idea, como también lo es no revelar en las redes ninguna información o pensamiento que pueda ponernos en una situación comprometida, por ejemplo, en el trabajo. Esto es, control tecnológico y autocontrol.

Mención aparte merecen los menores. Queda por discernir cómo será la huella digital que irán conformando las generaciones que hoy enseñan alocadamente su intimidad en sus perfiles de las redes. Sería recomendable que padres y educadores conocieran qué es lo que hacen los niños y adolescentes en Internet y que les enseñaran el sentido común también en el mundo virtual.

Los quince segundos de periodismo

Escribo estas líneas el 22 de marzo de 2012, cuando un suceso espeluznante ha conmocionado a Francia y a medio mundo, el terrible asesinato de unos niños en una escuela del sur del país a manos del que ha sido ya tildado como “el asesino de Toulouse”.

Tenemos aquí un buen ejemplo de viralidad en las redes sociales. La retransmisión en directo, minuto a minuto, por Twitter de la localización, el cerco y el posterior asalto de la vivienda del asesino ha sido un ejemplo de cómo dentro de (casi) todo tuitero vive un  periodista frustrado. Olvidando, sin embargo, en muchos casos, una regla de oro del periodismo: la necesidad de contrastar.

Así las cosas, Merah, que así se llamaba el sujeto, se ha pasado la mañana siendo capturado o muriéndose sin haberse muerto hasta que se ha muerto de verdad. Una vez que se ha muerto de verdad, mi time line me ha devuelto cientos de tuits informándome. No es que siga yo a muchos periodistas franceses (ni siquiera hablo francés), es que una gran parte de las personas a las que sigo han caído en la tentación de reportar la noticia, como si estuvieran dando una primicia periodística.

Yo misma me he visto en esa situación muchas veces. Es difícil sustraerse de esa sensación de que tienes algo valioso que compartir en las redes: un artículo o un dato original, una noticia que crees que otros no tienen (aunque tus seguidores probablemente ya la conozcan)… Especialmente con los avances tecnológicos que permiten a cualquier ciudadano seguir las ruedas de prensa en directo desde su equipo informático, por streaming.

¿No me creen? Sigan, por ejemplo, el hashtag #CMin  cualquier viernes a mediodía, a la hora en la que Soraya Sáenz de Santamaría informa de los asuntos del Consejo de Ministros. Verán cómo, junto a los periodistas que están sentados en la rueda de prensa tuiteando a la vez que siguen la intervención de la vicepresidenta, hay muchos esforzados ciudadanos que van consignando lo que dice sin que nadie se lo haya encargado ni lo espere ni mucho menos les pague por ello. Por vocación.

No seré yo quien discuta esa afición. Me limito a comentarlo y a reseñar que, quizá, de los quince minutos de fama que esperaba Warhol que deparase la televisión hemos pasado a los quince segundos de periodismo. El tiempo que se tarda en lanzar un tuit.